Autor: Nacho Merlo

  • Prólogo

    Dice Nacho Iraola —y Casciari— lee en voz alta: Hay un mundo increíble en cada uno de los cuentos de «La paz de la ignorancia», nuevo (y también fantástico) libro de cuentos de Nacho Merlo. Pero esa «ignorancia» del título no tiene nada que ver con el escritor. Nacho es dueño de un estilo único:…

  • La libreta

    Media hora pasó desde que sonó el despertador, y ya sé que el día va a ser una mierda: pasé la noche entera girando de un lado al otro, puteando por haber postergado la consulta al dentista. Tengo un dolor criminal en una muela de juicio que me quieren confiscar desde hace veinte años y…

  • Inadaptado silvestre

    Es 2008 y estoy en San Pedro cebando el primero de una serie entrecortada de mates amargos. Recostado en el pasto, la cabeza apoyada en la panza de Ro y el Paraná haciéndole cosquillas a la playita artificial. Abro un libro y empiezo a leer en voz alta, aprovechando que todavía no nos merodean criaturas….

  • Banderines y dibujitos

    En Argentina todos tenemos un recuerdo de 1986, incluso los que nacieron después. Maradona, el mundial, los goles a los ingleses… Pero mi recuerdo no es exactamente ese: son los banderines. Tenía cinco años, y el único detalle que conservo con nitidez de ese momento, el primer recuerdo nítido de toda mi vida, es una…

  • Me chocó un pelotudo

    Esas cuatro palabras, «me chocó un pelotudo», se las dije a la chica que me atendió cuando llamé al seguro. Y se rio tanto cuando le conté los detalles que me pedía perdón por tentarse y que, por favor, parara de repetirlo. —A ver si lo entiendo —risas—: ¿usted me está diciendo —carcajadas— que chocó…

  • Trueque de fe

    Hoy no es un domingo más: es veinticuatro de marzo de 2002 y falta una semana para festejar las Pascuas. Afuera, la mayoría de los negocios están cerrados: pero no porque sea domingo; están cerrados de hambre, de tristeza, de desilusión. Cerrados de angustia. En cambio, nosotros estamos en la cresta de la estupidez, no…

  • La boyita

    En mi infancia estaba de moda la pesca. Cada vez que podían, los hombres de la familia se escapaban a pescar con sus amigos, hartísimos de la rutina familiar. Para eso, mi viejo tenía una técnica que manejaba a su antojo. Como en los ochenta todo el mundo fumaba, se valía de un Parliament para…